Musica

lunes, 20 de septiembre de 2010

La cumbia, la aberracion humana sin melodia

Científicos de la Universidad de Massachusetts lo demostraron en un informe. Esto explicaría porque la gente que disfruta de este género suele ser inutil y ordinaria. Tiemblan los Kirchner.

“Revelador, pero evidente”. Esas son las palabras que eligió el Lic. Victorio Spasdakolos respecto al estudio publicado por el Claustro de Estudios de Culturas Primitivas de La Casa de Altos Estudios Americana.

“La investigación se resume básicamente en cuatro cuestiones, algunas que las personas bien ya sabíamos, y otras de carácter puramente científico”, explica Spasdakolos. El licenciado es el titular de cátedra libre de Psicología Social Evolutiva del Instituto Fresnel e integrante del Comité Interdisciplinario de Investigación Sociozoológica (CIIS).

“El primer punto destacable es el físico. El Laboratorio de Altas Energías de Massachusetts determinó que las frecuencias dominantes en la cumbia inciden de forma irreversible en los enlaces fosfóricos de las neuronas, destruyéndolos. Esto repercute en los nexos entre las distintas partes del cerebro, lo que se refleja en el empobrecimiento intelectual y económico del sujeto en tanto se prolongue la exposición a estos ruidos” detalla el especialista.

“En segundo lugar consideran la realidad socioeconómica en la que prolifera el género. Como las ratas, encuentra su bienestar entre los desperdicios: en este caso, los de la sociedad. En este sentido el perjuicio se aprecia no sólo en el corto sino también en el mediano y largo plazo. De manera inmediata, el sujeto autodenominado ‘cumbiero’ se abstrae en un mundo de violencia, sexo, crimen y drogas baratas que lo distrae de sus labores cotidianas: deja de trabajar o de estudiar con tal de escuchar cumbia. En poco tiempo, el cumbiero sufre las consecuencias con el despido en el trabajo o la repetición en el colegio, dando inicio al vórtice depresivo que lo sume en la absoluta miseria” agrega Spasdakolos.

“El largo plazo nos lleva a analizar la tercera cuestión que aborda la investigación: la herencia. Quien se encuentra sumergido en la misería económica y cultural, por consiguiente, encadena a su progenie al mismo destino. Es así como partiendo de un cumbiero artificial -el que se convierte- llegamos a tener un cumbiero innato, que acarrea las deficiencias mentales desde el cajón de peras en el que seguramente sus padres improvisaron una cuna. Las consecuencias se profundizan exponencialmente si el cumbiero natural procrea con una hembra en sus mismas condiciones. En Argentina ya hemos identificado especímenes de este fenómeno en su cuarta y quinta generación”, destaca.

“El cuarto y último capítulo del informe se centra básicamente en los aspectos sociológicos, particularmente los tribales, que perjuden la integencia de los oyentes de cumbia. La pseudocultura que se construye en torno a estos sonidos detestables -ropa deportiva, colores, formas de vestir, de hablar- aislan al sujeto y lo trasladan, como si fuera poco, a un nuevo ciclo destructivo del cual el pobre infeliz sale como un componente totalmente inoperante en la sociedad, incapaz de comunicarse con alguien más allá de sus pares debido al precario dialecto que adoptan. En el marco inteletual, esto les impide adquirir nuevos conocimientos y comprender los mecanismos con los cuales la Humanidad transmite su riqueza cognitiva”, finaliza el licenciado.

“Como conclusión, creo que es importante terminar con los procesos destructivos de la población aún rescatable. Una medida plausible consistiría en prohibir este bochinche en cada rincón de la República Argentina. Esta medida paliativa, sin embargo, no ataca el quid de la gestión: la posibilidad proliferación de nuevos especímenes contaminados, por adopción o reproducción, existe, y sólo puede erradicarse con el exterminio absoluto de todos los denominados ‘cumbieros’. Inicialmente por quienes provocan la enfermedad: músicos y productores; luego, con los que sean capaces de reproducirse; y finalmente con los niños que demuestren señales de corrupción. Toda producción, gráfica o sonora, también será eliminada”, propone Spasdakolos.

“Sin embargo no lo veo viable en el escenario político actual de la Argentina. A los montos les enriquece el voto del ignorante, el clientelismo, y no les importa inundarnos a las personas bien con estos inmundos, que roban y matan por un par de zapatillas. Es sabido que los responsables de la inseguridad en nuestro país prefieren la cumbia por sobre un Megadeth o un Jimi Hendrix”, señala. “Con seres pensantes como Macri, Duhalde o Biondini podríamos llegar a charlar la implementación del proyecto.”, concluye.

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